Me dijeron que me podía venir a vivir aquí y que podía asistir a los grupos de apoyo, evangelización y atención psicológica. Me integré a los grupos y cuando cumplí 4 meses de embarazo ingresé al Hogar. Allí comencé otra vida ya conocía a las muchachas. No se me hizo difícil adaptarme, mi vida cambió totalmente.
Yo le doy gracias a Dios y a todas las personas que apoyan esta causa, porque no me imagino que me hubiera pasado. Aquí en este Casa Hogar nos ayudan en todo, tenemos el pan de cada día, nos hacen los controles de nuestros embarazos siempre, están al pendiente de todo lo que nos pasa o sentimos.
Estoy muy agradecida, confío en Dios que todo lo que hacen por nosotras el Señor los bendecirá desde el Cielo y les ayudara para que esto sea mejor y que puedan seguir ayudando a las personas que lo necesitan. Gracias por todo”.
Mariana, 13 años, procedente de Chontales.
“Ella vino a la Casa Hogar a través de la caridad de un Sacerdote de su Parroquia, quien la rescató de una situación de maltrato tan severa que su propia vida estaba en riesgo. Luego de ser abandonada por su abuela y entregada a un hombre adulto que la utilizó como su pareja. Sufrió muchas agresiones tan duras que la marcaron física y emocionalmente. El Sacerdote la sacó y logró poner al agresor tras las rejas y luego buscó un espacio seguro para que culminara su embarazo, que se generó producto de muchos años de abuso. Ella nunca sintió rechazo directo hacia su niño, quien ya nació y es idéntico a su madre.”
Carmen, 29 años:
“Vine a Nicaragua hace 8 meses acompañando a mi pareja que por su profesión viajaba bastante. Teníamos ya una bebé y estaba embarazada. Cuando teníamos 4 meses de estar en Nicaragua él viajó nuevamente y me dejó aquí. No conocía a nadie y eso me deprimió totalmente.
Él no llamaba, yo no comía, mi hija igual; lloraba mucho, me sentía inútil y atada y no sabía que hacer. Conocí a una muchacha que se volvió mi amiga y sólo con ella contaba. Por medio de ella vine a Casa de Vida. Ella veía que yo necesitaba ayuda. Tardé en decidirme a venir, pero la primera vez que puse el pie en esta casa cambié mi manera de pensar.
Inmediatamente me empezaron a ayudar. Primero con la manera en que me hablaron, las charlas, los grupos, me sentí más tranquila. Y luego con todo el apoyo, el ultrasonido, los cuidados, etc.
Ahora me siento mucho mejor, sobre todo porque ya di a luz a un varón y estoy viviendo en el Hogar de Casa de Vida, en este momento que es cuanto más apoyo necesito.
Les agradezco a la gente y a las personas que ponen su granito de arena para que nosotras podamos estar mejor. Nunca me imaginé que iba a encontrar un sitio así. Nunca me imagine que iba a llegar a esta situación”.