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Las personas que entran en esta espiritualidad renacen en el amor del triunfo del Sagrado Corazón de Jesús e Inmaculado Corazón de María, a una vida nueva, manifestada en un “Corazón de Siervo”.

 
 



El Pilar Espiritualidad Mariana consiste en seguir el ejemplo de María con una rendición total a la perfecta Voluntad de El Padre. Esto se logra a través de la profundización y vivencia de los Misterios del Santo Rosario, meditación de La Palabra de Dios, de manera que los siervos de amor por la Vida, vivan con María una vida en Jesús. María, es la puerta del cielo y la luz que ilumina esta obra.
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Este Pilar busca hacer la Perfecta voluntad de El Padre, a través de la vida de intimidad en la oración y vida sacramental, de forma que nuestra humanidad no obstaculice el cumplimiento del Plan Divino en esta obra y en cada uno los siervos de amor, que en ella servimos.

Visitas al Santísimo Sacramento gozando de la intimidad con Nuestro Amado

Pedir la gracia de vivir la Santa Misa a plenitud donde recibimos a la Victima Eterna ofrecida en el Altar, tomando conciencia de que en cada Eucaristía se vive nuevamente el sacrificio de la Cruz.

Exhortar a las almas que visiten Casa de Vida a que reciban el Sacramento de la Reconciliación, de forma que esas almas que se están perdiendo por el pecado del aborto vuelvan a los brazos de Jesús.

Abracemos nuestras cruces de cada día, entregándolas a los pies de Cristo como ofrendas de vida.

Pedir a nuestra Madre Santísima el regalo de la iluminación de conciencia para seguir el camino de la Santidad, a través de la oración diaria y consagración al Consagración al Sagrado Corazón de Jesúsy al Inmaculado Corazón de Virgen María.

El Siervo de Amor por la Vida debe ser Martha y María al mismo tiempo uniendo la acción con la oración. “Yendo ellos de camino, entró en un pueblo; y una mujer, llamada Martha, le recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra, mientras Martha estaba atareada en muchos quehaceres. Al fin, se paró y dijo: *Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude*. Le respondió el Señor: *Martha, Martha, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada.” (Lucas, 10, 38-42).

Contemplar el rostro de Dios diariamente en el silencio de tu alma.

Se forman Aposentos de Oración por la Vida, integrados por los Siervos de Amor por la Vida.

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Este pilar de nuestra espiritualidad se basa en la lectura diaria de La Palabra y su profundización a través de la Lectio Divina. Nos guiamos por La Palabra de Dios y el Magisterio de la Iglesia Católica.

El “Siervo de Amor por la Vida” vive La Palabra de Dios en su corazón. Jesús dice: “El que escucha mis palabras y las practica es como el hombre inteligente que edificó su casa sobre la roca” (Mateo 7, 24).

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Este pilar nos enseña a servir al prójimo a la manera de Jesús. Como Siervos de Amor por la Vida, debemos fortalecer a la oveja débil, curar a la enferma, vendar a la herida, hacer volver a la descarriada, buscar a la oveja perdida.
Nuestro servicio, como Siervos de Amor por la Vida, debe estar conducido por el ejemplo de Jesús, El Buen Pastor, que da la vida por sus ovejas. Jesús es el modelo a seguir.

Amarnos los unos a los otros hasta que duela y de manera especial, a las personas que cometen el pecado del aborto y a quienes inducen a éstas a cometerlo. El amor incondicional o amor ágape debe ser la forma de amar de los “Siervos de Amor por la Vida”. Ello implica amar a los otros en sus debilidades. Esta clase de amor es una gracia que viene como fruto de la oración.

“...Si yo no tengo amor, no soy nada…El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene encuentra el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta…” (Corintios, 13).

Hemos sido escogidos por Jesús para realizar esta hermosa misión. “Muchos son los llamados y pocos los escogidos” y “Y les dijo: la mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies” (Lucas 10, 2).

Vamos a ser rechazados por defender la vida. Sin embargo, no esperemos el reconocimiento de los hombres, el del mundo; sino buscar la recompensa del cielo.

“…Felices los que son perseguidos por causa del bien, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Dichosos Ustedes cuando por causa mía los maldigan, los persigan y les levanten toda clase de calumnias. Alégrense y muéstrense contentos, porque será grande la recompensa que recibirán en el cielo. Pues bien saben que así trataron a los profetas que hubo antes que Ustedes”. (Mateo 5,10-12 Las Bienanventurazas).

Debemos trabajar la parte espiritual y la emocional unidas, a fin de poder dar un buen servicio dentro de la misión.

Nuestra misión es saciar la sed de amor de Jesús, no de palabra, sino con obras concretas, reconociendo su rostro desfigurado, sediento de amor, en el rostro de los más pobres entre los pobres. “Cada vez que lo hicisteis a uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis” (Mateo 25,40).

Nuestro deseo es hacer experimentar a los hijos de Dios el abrazo de amor de Jesús y María.

Los siervos de amor por la vida debemos de respetar y cuidar cual si fueren pétalos de una rosa la vida de nuestros hermanos para que nuestra Madre Santísima nos presente como un ramillete agradable a los ojos del Señor.

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